Cuando “nada” une a Inglaterra y Argentina

Actualizado: 29 de abr de 2019

Treinta y seis años de iniciada la Guerra de las Malvinas, dos nadadores, un argentino y una inglesa, hicieron una travesía en las frías aguas del Atlántico para unir dos puntos de las islas. Un acto simbólico que espera sanar heridas.


por Salvador Carmona Schönffeldt


Hace 36 años se desataba una guerra entre el Reino Unido y Argentina por la Islas Malvinas o Falkland, como le dicen los británicos. Así, desde 1982 muchos crecimos conociendo este dramático episodio entre ambos países, que dejó 907 muertos y de ellos 649 eran argentinos.


Con los años, fuimos testigos como los goles de Maradona en el Mundial de México 86 contra los ingleses, fueron una forma de homenajear a los caídos. A su vez, conocimos historias cercanas, como la de Gustavo de Lucca, aquel goleador argentino que jugó en la década de los noventa en Chile y que a sus 20 años tuvo que participar en esa guerra. Y también escuchamos las palabras de Margaret Thatcher, en que agradecía a Pinochet por su apoyo en el conflicto.


Cuando hay muertes, la herida queda abierta, pero siempre pequeños actos simbólicos pueden sanar o al menos cicatrizar, para que nunca más ocurran estos trágicos episodios históricos.


Y así fue como la británica Jade Perry y el argentino Rubén González se unieron en una travesía. Sin discursos ni aspavientos, ambos nadadores decidieron juntar fuerzas para cruzar a nado dos puntos de las islas Malvinas.


“Con el nado el mensaje está dicho”


La amistad entre ambos deportistas nació gracias a las redes sociales. Nos conocimos por Facebook en un grupo de nadadores de agua fría, y personalmente en Londres el 2015. Nadamos juntos en varios lugares, entre ellos el Lago Ness de Escocia”, cuenta el porteño quien para la guerra tenía solo 3 años y actualmente es profesor de inglés en Buenos Aires.


¿Y cómo nace la idea de unir las Malvinas nadando? “La tenía planeada hace mucho tiempo, pero necesitaba cumplir algunas etapas para realizar el gran cruce. Por eso me inicié en el canal de Beagle en 2013, Glaciar Perito Moreno en 2014, Lago del Desierto el 2015, y muchos otros nados y adaptaciones al frío del agua y a las distancias. Cuando en enero de 2017 decidí a realizar lo de Malvinas me dije: por qué no invitar a Jade Perry, que es una excelente nadadora, nada en aguas frías y es inglesa, lo que adhería un buen condimento a todo lo demás. Así fue que le envié la propuesta y en seguida aceptó gustosa la invitación. Nos propusimos hacer un nado como amigos, sin involucrar la política en el deporte y así lo hicimos”, señala Rubén.


Para Jade, quien reside en Glasgow, Escocia, y actualmente trabaja para el ferrocarril británico, no era fácil. La distancia, los viajes y el poco tiempo de aclimatación podía ser un problema. “No esperaba que el viaje fuera tan agotador. ¡Tuve 10 vuelos y el viaje en barco!”, antes de emprender el nado.


Pero la pareja no iba sola. Además, participaron 6 personas en el equipo: María Inés Mato, entrenadora y guía con un kayak; Pablo Caumo, nadador de rescate; Ramiro Borque, fotógrafo; Jorge Santos, timonel; Claudio Russo, soporte de los nadadores y cocinero; y Ezequiel Damilano, capitán del velero.


Así, bajo una temperatura en el exterior de 8 grados, se lanzaron al agua. Nadamos 5 kilómetros, a una temperatura del agua de 10 grados. Se suponía que eran 4 kilómetros, pero la deriva y las corrientes hicieron los 5 kilómetros. Tardamos una hora y 26 minutos en unir ambas islas”, cuenta Rubén.


Según el nadador, lo más difícil de la travesía “fueron las algas que encontramos en la salida y en la llegada, casi 100 metros de cachiyuyos (huiros), un alga muy larga tipo enredadera, que impedía el nado”. Mientras, para Jade “fue después del baño. Empezamos a navegar de inmediato durante 19 horas en condiciones de mucho viento. Estábamos hambrientos y exhaustos. Muchas personas en el bote vomitaban. Me quedé en cubierta, pero me enfrié y estaba muy cansada. Aunque me sentí horrible, también fue maravilloso porque vi ballenas y pingüinos”.


¿Qué esperan lograr con esta iniciativa? Espero que estos desafíos sirvan como inspiración a personas que tienen ganas de hacer algo, de ponerlo en práctica, de que si se puede lograr con constancia, entrenamiento y ganas. El 13 de marzo fue el día del cruce y fue una fecha muy especial para mí. Es la fecha en la que mi padre falleció en 2016. Por ello, el viejo estaba guiando también”, señala emocionado el argentino. Según la británica, quien agradece el apoyo del club de natación y triatlón de Lomond, “siempre espero y entreno para lo peor y espero lo mejor. Esperaba que fuera más frío y más duro de lo que era. Pero sabía que sería difícil. Si fuera fácil, todos lo harían”.


¿Y la guerra? “Creo que con el nado el mensaje está dicho. Dos amigos nadando juntos y a la par en ese lugar, concluye Rubén.

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